Un huevo

Noviembre del 2010

Algo parecido al frío, un metal líquido se filtra por el interior de mis huesos. Sé que estoy en mi cama y sin abrir los ojos sé también que el mundo entero se ha desvanecido. Sólo queda este huevo blanquísimo a la deriva en el vacío y nada más. Pienso que estoy muerto, pero los muertos no piensan y tampoco sienten este hueco en el pecho cada vez más profundo.

Estoy desnudo y en posición fetal sobre la cama, a un lado esta la mesita de noche y su lámpara de luz ambarina. Y todo esto, la lámpara, la mesa, la cama y yo, estamos a la deriva sobre un huevo o algo que parece la superficie blanca de un huevo. Podría ser la luna, pero no, es un huevo. Add a comment

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¡Hay que estar loco para ser mujer!

Noviembre del 2010

Aquella noche de bar me llegó una súbita revelación alrededor del cuarto o quinto vodka. Le sonreí a mi amiga, una mujer cuya mirada es capaz de derretir los hielos de un trago al igual que el corazón de cualquier hombre en el acto. Como un niño pequeño que acaba de hacer un descubrimiento, le dije:

-Soy un misógino.

Y su sonrisa se desvaneció al tiempo que su mirada empezó a fulminarme. Demasiado tarde, lo había dicho sin medir las consecuencias. Por supuesto ella quiso saber de inmediato a qué venía mi comentario, porqué lo había hecho en su presencia y remató con un nunca me imagine escuchar eso precisamente de ti. Al principio no supe qué decir, así que pedí otro trago esperando que las respuestas me llegaran por inspiración etílica.

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Hastío

Noviembre del 2010

I know there are things going on tonight, but I don’t bother
Only ten minutes across town that’s right, but I don’t bother…
…No to everything.

Pissed Jeans

 

Cada determinado tiempo me llega esta sensación de hastío en el que la realidad me parece sucia e insípida. Las fantasías negras me abordan con mayor frecuencia y sólo siento desgano y coraje. Los límites de mi universo se cierran hasta quedar inmóvil en un espacio claustrofóbico al que me acostumbro rápidamente.

A partir de aquí ya sólo importa lo que hay adentro. Los amigos me parecen distantes e hipócritas, los proyectos no me entusiasman y la idea de que todo por lo que me he esforzado carece de sentido me provoca unas ganas tremendas de destruirlo.

Me digo que es un estado pasajero, como antes ha sucedido, que sólo necesito esperar otra idea, una motivación (alguna canción, una mujer, un viaje), un signo de empatía que me permita reordenar mi mente. Acumular esta negatividad hasta que implosione en algo creativo.

Pero pasan los días y no hay forma de salir de este ánimo. Salgo a caminar sin rumbo y me pregunto dónde esta el error, ¿tuvo un origen o siempre ha sido así? La sensación de haber sido traicionado, la reafirmación constante que no vale la pena ningún intento de comunicación, pues todos estarán destinados al fracaso.

Enciendo un cigarro y me detengo frente a un teléfono público, sonrío porque no recuerdo a nadie a quién pueda o quiera llamar, de modo que me juego una broma y marco mi número. No me sorprende escuchar mi risa ebria y el ruido de una fiesta al otro lado de la línea.

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Tengo una hija

Agosto del 2010

Los sueños siempre han tenído una importancia fundamental en mi vida, no sólo los considero señales o puertas hacía otra realidad, sino una de las experiencias que justifican la existencia y la cargan de significados que van más allá del psicoanalisis. Hoy desperté con uno de los mejores sueños que he tenido.

Su madre era una joven escritora, poeta quizá, que conocí en la playa. Sólo recuerdo de ella su belleza tendida en una cama de sábanas blancas y su vientre hinchado diciendo algo como: Considero una mezquindad el aborto, es por eso que la voy a tener, pero quiero decirte que no me voy a encargar de ella. Yo ni siquiera recordaba haberle hecho el amor a esa mujer, pero acepté.

Lo siguiente, es mi hija y yo viviendo en un departamento austero de una sola habitación. No soy bueno para calcular edades, pero debe ir en preprimaria porque podemos conversar y no recuerdo haberle cambiado pañales jamás, es hermosa, afortunadamente se parece a su madre. Salimos a caminar y tenemos largas conversaciones en el parque mientras yo fumo cigarros. Ella es adicta a la leche, misma que le sirvo en caballitos tequileros y que me causa gracia ver la manera en que la bebe. Nos entendemos bastante bien.

En alguna ocasión me pregunta por su madre y recuerdo quedarme callado meditando la respuesta. Contarle una mentira lo considero totalmente inadecuado, decirle que fue rechazada también, de modo que le explico que su madre es una mujer bellisima que consideró que ella sería más feliz conmigo y que quizá algún día, cuando se de cuenta que sus ambiciones literarias eran absurdas y desmedidas, la quiera conocer. Pero que por lo pronto no tiene de qué preocuparse. Ella se recuesta sobre mi pecho hasta quedarse dormida.

Finalmente estamos en una reunion familiar. Ambos nos sentimos incomodos, como bichos raros  en medio de una celebración que no comprendemos. Debe haber otro niño dormido en una habitación, y dentro de esa habitación hay un libro que mi hija quiere leer. Le digo que está bien, que puede ir a buscarlo. Mi hija entra a ese cuarto cerrado y poco después se escucha un desastre, un chico llora, al parecer un bebé. Una mujer malhumorada comienza a regañarla por despertar al niño y todos la miran con malos ojos. Yo me enfurezco y voy por mi hija, la tomo de la mano, esta asustada y me dice que no pudo encontrar el libro. Recuerdo que le acaricio el cabello mientras miro a los demás y los amenazo: Pueden joderme tanto como quieran, pero si se meten con mi hija, juro que los voy a hacer pedazos sin importar género o edad.

Nos marchamos de ahí, abro una puerta y detrás hay una zanja enorme, una herida abismal que parece abrirse hasta lo más profundo de la tierra. No siento miedo, apenas indiferencia. Cierro la puerta y después encontramos la salida bajando unas largas escaleras que van a dar a la calle. Mi hija esta triste, por el libro y el enojo de los demás, siente que todo es culpa suya y yo le sonrío, mientras caminamos encuentro una pastelería. Entramos, voy a comprarle sus galletas favoritas.

 

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Carta abierta a Valérie

Enero del 2010

Querida Valérie,

Hoy desperté tarde y triste. Abrí los ojos al anochecer y pensé en ti. Permanecí  inmóvil y en silencio hasta que volví a dormir, ¿qué otra cosa podía hacer? Imagino que Michel hizo lo mismo mil veces desde que te perdimos.

Extraño el amor que nunca tuvimos, los besos dulces y los amargos. Tu cabello húmedo después de la ducha sobre mi pecho y tu mirada de niña atenta que escucha mis quejas contra el mundo. Un mundo que no entiendo y al que tú eras capaz de darle sentido con una sonrisa. Extraño tu silencio después de hacer el amor, tú sabes que las palabras siempre sobran entre amantes.

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