Los poetas

Agosto del 2011

Nada me rompe tanto el corazón
como una chica intentando ser poeta.
¡Qué pérdida de tiempo!,
de sueños y experiencia.

Los poetas.

Todos buscan y no encuentran,
por más tácticas y estrategias,
y aunque hayan soñado más que el Cristo,
y guarden un pájaro azul en el pecho,
jamás conseguirán incendiar uno al vuelo.

¿Cómo hace el amor un poeta?
Piensa en uno, en cualquiera
y dime, cómo hace el amor un poeta.

No lo adivinas porque esos putos narcisistas
no saben cómo hacerlo.
Tu cuerpo no será suficiente para ellos.

Por eso tienen musas y fantasmas de mujeres
idílicas, amores fracasados… utópicos.
Pero nunca una mujer de verdad.

Corrompen el lenguaje con metáforas,
imágenes conmovedoras para seducirse a sí mismos.
Por eso, niña, cierra tus oídos al poeta.

Su ritmo no corresponde al temblor de tu boca,
o tus necesidades pélvicas.

Tampoco tienen dinero,
algunos hasta lo consideran un insulto.
Como si por escribir unos cuantos versos,
su moral fuera superior a la del barrendero.

Pobres poetas siempre solos.

No quedan épicos, sátiros ni demoníacos.
Sufren porque la poesía los ha despreciado,
como las mujeres que nunca amaron.

Desprécialos tú también, corazón.
Nada peor que un hombre pretendiendo ser.
Aunque al final tienen su justo castigo:
Todos publican
y nadie los lee.

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La espera

Junio del 2011

-¿Te das cuenta?, aquí nada ha cambiado- dijo la mujer.

El hombre miró de un lugar a otro. Finalmente le sonrió a su amiga y dijo:

-Casi nada. Ya no están los mismos meseros, ni el hombre gordo y simpático que solía saludarnos apenas nos veía llegar. Las tazas son otras y esos cuadros de ahí tampoco estaban. A primera vista parece que nada ha cambiado, pero si prestas atención a los detalles te darás cuenta de lo distinto que es ahora. Nosotros lo vemos como era antes porque es así como queremos verlo.

El mesero colocó los cafés sobre la mesa. El hombre agitó el suyo con la cuchara. Ella buscó algo en su bolso, sacó un paquete de cigarros y le ofreció uno a su amigo.

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Prohibido Fumar

Abril del 2011

Poesía en audio producido para el video presentado durante el Gabinete Salvaje 2011. Texto de Mun Raider, música de Nine Inch Nails. Si les gusta, quizá después pueda subir el video :)

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Soy

Marzo del 2011

Soy la máquina que enciende el motor de la desgracia.

Soy el lapso entre las 3:45 y las 4:15 durante una madrugada de insomnio.

Soy siempre, el hombre equivocado, la hora incorrecta, el dedo fuera del mapa.

Soy el nudo en el estómago, el nervio ardiendo en deseo de alcohol y cocaína.

Soy el ritmo que manos desconocidas imprimieron a tus caderas a los 16.

Soy el único hombre al que permitiste llamarte niña puta, niña tonta, niña porno.

Soy la culpa secreta de la feminista y el odio perfecto de las chicas bonitas.

Soy el placer eléctrico que en tu vulva derramó tu hermano, tu padre, tu amante.

Soy, a fin de cuentas, la posibilidad de todo lo que pudiste ser y nunca verás.

Soy el último aliento de un Dios muerto ahogado en el llanto del recién nacido.

Soy el vacío al final de la fiesta,  la voz que te dice al oído: salta.

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Despedidas (aún incompletas)

Febrero del 2011

Ahora recuerdo claramente a la primera chica por la que sentí una atracción devastadora: Tenía una mirada idéntica a la de Sasha Grey. Su cuerpo, una promesa de 17 años a punto de madurar.

Siempre he preferido los frutos ácidos, lo dulce no va conmigo.

Tenía un cuerpo parecido al de una mujer a quién invité a un concierto de nouvelle vague y que se pasó la noche quejándose de sus tacones y de mis cigarros. Cabello negro hasta la cintura, líneas suaves y ágiles como las de un auto deportivo. Pero cuando intenté quitarle el pantalón para penetrarla se negó porque no se había rasurado las piernas.

Lo recuerdo todo esta noche con un trago de sotol y cigarros patrocinados por fetos calcinados.

También recuerdo las palabras atropelladas que me dijo una chica antes de ser desvirgada, la misma que años después no supo evitar el desastre que vendría después de una tarde de whisky. No me perdonó amar a otra mujer.

Ahora sólo podré querer a mujeres capaces de evitarme el desastre.

¿El desastre de amar a otras mujeres devastadoras?

Una vez me enamoré al instante de una chica que conocí en el metro. Jugó a ser inocente y fue la única que en todas nuestras citas siempre llegó hermosa y puntual como la muerte. Tenía el aura de los primeros amores, sólo nos dimos un beso.

Semanas después se enamoró de un vestido de novia y desapareció. Supongo que fue lo mejor.

Mi primera novia, después de terminar conmigo, trabajó a unas cuantas calles de mi casa durante cuatro años. Jamás me visitó. Varios años después me contactó y fue triste comprobar que no había cambiado, seguía siendo la misma mujer que me quiso, pero yo ya no era quien la amó.

Alguna noche me recriminó preocupada un mensaje que decía cosas hirientes sobre un corazón roto. No lo envié yo. Lo comprobamos y me molestó que pensara que a estas alturas hubiera sido yo el autor. Un par de días después, borracho, sí le envíe un mensaje furioso reclamándole lo anterior. Huyó, como lo esperaba, exactamente igual que cuando la primera vez que me dejó.

Con el paso del tiempo he venido recogiendo estos pequeños recuerdos. Frases, mensajes, correos y llamadas telefónicas de madrugada. La mayoría de las veces he preferido olvidarlo todo como quien quema sus cartas, pero inevitablemente el accidente o el destino hacen que nos encontremos brevemente, y yo sonrío. Me llevo todo esto como recuerdo de los hombres que fui. Para recordarme quién soy.

Y es que a veces las mujeres, quizá sin saberlo, desean destruir a un hombre sólo para no ser olvidadas.

Lo que ignoran es que un hombre destruido puede olvidarlo todo en el siguiente trago de sotol.

Continuará…

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