El Deseo

por Mun Raider Mayo del 2012

El deseo. Segundo video realizado para el Gabinete Salvaje 2011.

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Prohibido fumar

por Mun Raider Abril del 2012

Primer video realizado para ser proyectado y hacer la lectura en vivo durante el Gabinete Salvaje del 2011, es la primera vez que hago videopoesía (o que pretendo hacer), espero les guste y próximamente espero comenzar a hacer otros más profesionales.

 

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2. Araceli

por Mun Raider Enero del 2012

And the smile and the shake of your head…
The Cure, A night like this


En aquel tiempo bebía cerveza y manejaba un rambler 74 al que apodaba Satanás. Tenía 17 años y odiaba el mundo pero tenía un grupo de amigos, y al menos tres de nosotros estábamos enamorados de la misma chica.

Su nombre era Araceli. No era una reina de belleza ni la niña más deseada de la prepa. Era más bien el tipo de mujer que uno tiene que mirar dos veces para darse cuenta de lo hermosa que es en realidad. Tenía gracia en sus movimientos, buen gusto musical (es la única mujer que he conocido que le gustara Theraphy?), y la actitud de una chica que no ha sido decepcionada.

Éramos jóvenes y estábamos llenos de posibilidades. Yo no sabía qué hacer en el futuro y poco me importaba, ella estaba decidida a ser bióloga marina y largarse de esta ciudad. Pero en aquel entonces el futuro estaba muy lejos y yo vivía días eufóricos junto a ella, una temporada en la que tuve la ilusión de ser libre y salvaje. Durante años pensé que aquel había sido el mejor momento de mi vida y ahora sólo puedo dedicarle una sonrisa condescendiente al joven ingenuo y estúpido que fui.

Nunca le declaré mi amor, en ese tiempo ni siquiera intuía lo que implicaba una palabra como esa, pero nos hicimos cómplices y me bastaba muy poco para ser feliz. Solíamos vagar a bordo de Satanás mientras escuchábamos música de The Cure, Nirvana o Depeche Mode a todo volumen y bebíamos cerveza en lata.

Pocas cosas recuerdo de aquellas platicas pero nunca me aburrí a su lado. A diferencia de tantas otras chicas su pensamiento era acción y a la fecha me enamoro sólo de mujeres que posen fuerte personalidad, inteligencia y sentido del humor. Tuvimos largas tardes de conversaciones entre humo y cerveza en los bares de Coyoacán. Fuimos al primer concierto de los Héroes del Silencio en México, en un antro al sur de la ciudad, y también en Rockotitlán escuchamos a la Gusana Ciega una noche que la banda no tuvo más de una decena de espectadores. Esa noche Araceli terminó ebria y vomitó por la ventanilla del coche. Al dejarla en su casa le dije: te besaría si no hubieras vomitado. Y yo a ti, respondió. Ejemplo perfecto de mi estupidez adolescente.

Al terminar la preparatoria Araceli se hizo novia de mi mejor amigo, supongo que así pasó porque fue el único que se lo propuso. El grupo de amigos se dividió y ella pasó a ser  indeseable; pero poco me importó para que la noche de graduación, en el afterhours, bailara con ella Kumbala encerrados en la cocina de una amiga.

Sucedieron muchas cosas después y su novio terminó en la cárcel tras un accidente que tuvimos en Acapulco. Cuando regresé del viaje la invité una tarde a mi casa para explicarle lo que había sucedido, pero casi no hablamos del tema y terminamos bebiendo caguamas y escuchando música. La tensión sexual había patrocinado nuestra amistad y estaba por cobrarnos la factura. Terminamos tumbados en mi cama. Araceli me daba la espalda y yo intenté abrazarla, pero mi mano se deslizó bajo su playera y acaricié sus pechos, ella se volvió al instante buscando mi boca. Nos besamos por primera vez. Desabotoné sus jeans y acaricié su vulva mojada sin romper el beso. Así pasamos las últimas horas de la tarde, con mis dedos penetrándola mientras ella subía la cadera y yo mordía sus labios. Con aquellos besos postergados descubrí lo obvio aunque tuvieran que pasar años para reconocerlo.

No hicimos el amor. En aquel entonces no tenía privacidad y mi madre podía llegar en cualquier momento. Cuando la dejé en su casa me entregó una carta. Me amaba, decía, era la primera vez que algo así me sucedía y me aterré. No supe qué hacer y dejé de buscarla. La cobardía siempre encuentra justificaciones y yo utilicé la traición a mi amigo para hacerlo.

Meses después me visitó por sorpresa junto a su novio. La conversación fue corta e incomoda, venían a pedirme dinero prestado para que ella se practicara un aborto. En aquel tiempo si carecía de algo además de valor era de dinero.

El recuerdo de aquella tarde se convirtió en mi obsesión y desarrollé la mala costumbre de llamarla por teléfono al anochecer desde una cabina telefónica. No tenía nada que decir y me conformaba con escuchar su voz decir aló al teléfono (sí, así era como respondía), para después colgar. Coincidimos nuevamente en la universidad, ella en la Facultad de Ciencias y yo en Ingeniería. Nos frecuentamos algunas veces más pero el abismo entre nosotros era insalvable. Ella maduró y yo permanecí siendo un joven furioso encerrado en sí mismo. Ella cumplió su promesa y se fue de la ciudad a hacer una maestría a Baja California. Yo permanecí rondando los bares de Coyoacán sin compañía. Pienso en aquella tarde, la única en que nos besamos como la frontera entre la ingenuidad y la vergüenza, la posibilidad devenida en decepción. La auténtica pérdida de mi virginidad.

No volví a saber de ella.

 

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1. Gatita

por Mun Raider Enero del 2012

 

La recuerdo sentada sobre mi escritorio, vestía falda corta de mezclilla y una playera ajustada de tonos verdes estilo militar. Tengo una fotografía que muestra su cabellera alborotada y su enorme sonrisa aquel día en mi oficina. Es difícil encontrar a una mujer que pueda reír de esa manera tan sincera, como si mi compañía hubiera sido suficiente para hacerla tan feliz. Quizás eso era y hasta ahora lo reconozco.

El día que nos conocimos vino a mi casa, no recuerdo el pretexto, y me regaló un par de CDs que ella había grabado y decorado para mí, uno se titulaba Ride my moon. No recuerdo cuántas veces nos vimos en aquella época, sólo imágenes que insisten en venirme a la memoria en noches como esta.

Una de ellas fue un viaje en trolebús después del concierto de Café Tacuba en el zócalo. Deslicé mi mano bajo sus pantalones para tocarla entre las piernas y me sorprendió lo fácil que me resultó la maniobra. Disfruté la expresión de su cara durante el viaje mientras la masturbaba entre tanta gente.

La primera vez que tuvimos sexo la recogí en una estación del metro. No consigo recordar por qué la llevé a un hotel en vez de traerla a casa. Lo que sí recuerdo es su cuerpo desnudo tendido en la cama, su cabeza colgaba de un extremo con todo y su salvaje cabellera. Yo sobre ella, y ella con sus piernas abiertas y las manos aferradas a las sábanas para no caer al piso. Ella gemía y yo me preguntaba si realmente era tan bueno en eso mientras miraba sus costillas marcadas y pensaba, por Dios, sí que estás flaca.

No recuerdo cuántas veces hicimos en amor pero no fueron tantas, nos frecuentamos durante un tiempo y después dejamos de vernos sin saber muy bien porque. Quizás fue aquella noche en Cuernavaca. Era una fiesta en un patio lleno de hippies que fumaban marihuana, la noche estaba helada y yo me sentía incomodo. Siempre he detestado a los hippies y los trovadores. Le pedí que nos fuéramos de ahí a un hotel. Pero ella estaba con sus amigos y creo que a esa hora ya no había ningún sitio a dónde ir, de modo que tomé una botella de vodka o aguardiente. Un par de horas después ya estaba borracho, harto y tiritando de frío cuando decidió que lo mejor era irnos. Me la cuidas, dijo alguno de sus amigos cuando salimos de la fiesta, yo sólo emití un gruñido. Al tipo no le hizo gracia y quiso reclamarme pero ella me tomo del brazo y comenzamos a andar por calles empinadas. Yo sólo quería una cama y creo que lo que hice fue quejarme de la noche, el frío, el hambre, los hippies, la trova, todo. Caminamos mucho pero no pasamos por ningún hotel. Seguimos caminando y el amanecer nos sorprendió sobre una avenida al lado de una barranca. El destino final de la larga caminata fue la terminal de autobuses. Ella me llevó hasta ahí y yo no dije nada. Compré un atole y mi boleto de regreso al D.F. Al subir al autobús el chofer me miró molesto y dijo: No me vayas a ensuciar el asiento.

No la volví a ver en mucho tiempo aunque mantuvimos contacto. La última vez fue en Bellas Artes hace poco más de un año. Había una presentación o un homenaje y yo mantenía una aburrida conversación con un escritor cuando nos miramos. Vino hacia mí gritando y para mi sorpresa saltó para abrazarme, literalmente.

 


Esta es la primera de una serie de estampas, recuerdos que me he propuesto escribir sobre las mujeres que he conocido. En parte quiza, por una necesidad cada vez más frecuente de explicarme cómo fue que sucedieron las cosas.

 

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Los poetas

por Mun Raider Agosto del 2011

Nada me rompe tanto el corazón
como una chica intentando ser poeta.
¡Qué pérdida de tiempo!,
de sueños y experiencia.

Los poetas.

Todos buscan y no encuentran,
por más tácticas y estrategias,
y aunque hayan soñado más que el Cristo,
y guarden un pájaro azul en el pecho,
jamás conseguirán incendiar uno al vuelo.

¿Cómo hace el amor un poeta?
Piensa en uno, en cualquiera
y dime, cómo hace el amor un poeta.

No lo adivinas porque esos putos narcisistas
no saben cómo hacerlo.
Tu cuerpo no será suficiente para ellos.

Por eso tienen musas y fantasmas de mujeres
idílicas, amores fracasados… utópicos.
Pero nunca una mujer de verdad.

Corrompen el lenguaje con metáforas,
imágenes conmovedoras para seducirse a sí mismos.
Por eso, niña, cierra tus oídos al poeta.

Su ritmo no corresponde al temblor de tu boca,
o tus necesidades pélvicas.

Tampoco tienen dinero,
algunos hasta lo consideran un insulto.
Como si por escribir unos cuantos versos,
su moral fuera superior a la del barrendero.

Pobres poetas siempre solos.

No quedan épicos, sátiros ni demoníacos.
Sufren porque la poesía los ha despreciado,
como las mujeres que nunca amaron.

Desprécialos tú también, corazón.
Nada peor que un hombre pretendiendo ser.
Aunque al final tienen su justo castigo:
Todos publican
y nadie los lee.

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